La idea de un tren bioceánico que conecte Brasil con el megapuerto de Chancay —y de allí con Shanghái— vuelve al centro del debate tras el primer aniversario del puerto. Para Cosco Shipping, el proyecto es “muy viable” si el Estado peruano gestiona los permisos y selecciona una empresa capaz de ejecutarlo. Sin embargo, especialistas recuerdan que los grandes anuncios de infraestructura deben mirarse con lupa: detrás de cada megaproyecto hay costos, impactos, riesgos y prioridades que un país no puede seguir postergando sin discusión pública informada.
El investigador Leolino Dourado, del Centro de Estudios sobre China y Asia-Pacífico de la Universidad del Pacífico, advierte que la lógica económica del tren es frágil. Los estados brasileños que entrarían en su zona de influencia —Mato Grosso, Rondonia, Acre y Amazonas— ya cuentan con puertos propios, como Belén o Manaos, más cercanos a sus centros productivos. Aunque el trayecto marítimo desde Chancay hacia Asia sea más corto, el flete terrestre desde Brasil encarecería el costo total frente a rutas ya existentes.
A esto se suma un estimado de hasta US$ 100.000 millones de inversión, una ruta que atravesaría áreas protegidas y territorios indígenas y la necesidad de una coordinación política estable entre Brasil, Perú y, eventualmente, China. No se trata de frenar el desarrollo, sino de exigir que cualquier obra de esta magnitud cumpla tres condiciones básicas: sustento económico real, respeto socioambiental e institucionalidad sólida que evite sobrecostos, corrupción y conflictos sociales.
Dourado plantea una alternativa más cercana: un ferrocarril Chancay–Pucallpa, que conecte la Amazonía peruana con el megapuerto. Esta opción podría aportar más al país, siempre que se gestionen los riesgos ambientales y se garantice consulta y participación de las comunidades. Y, mientras tanto, Chancay tiene urgencias muy concretas: aprobar su Plan de Desarrollo Urbano, financiar infraestructura básica, mejorar vías, servicios públicos y vivienda digna. Cosco Shipping ya ha recurrido al mecanismo de Obras por Impuestos para cofinanciar un nuevo mercado, un instituto tecnológico y vías de acceso; pasos importantes, pero aún insuficientes frente a la velocidad del crecimiento.
El tren bioceánico puede ser una visión estratégica de largo plazo, pero hoy su viabilidad económica y logística es discutible. Antes de soñar con competir con el Canal de Panamá, el Perú debe asegurar que cada dólar invertido responda a prioridades claras: ciudades ordenadas, corredores internos eficientes, cadenas productivas integradas y poblaciones respetadas.
Reflexión final
La verdadera modernidad no se mide solo en kilómetros de riel, sino en coherencia ética: proyectos que no sacrifiquen territorios ni personas, decisiones transparentes y un Estado que piense primero en su gente, no en la foto del megaproyecto. Chancay puede ser un símbolo de desarrollo distinto: con puertos de clase mundial, sí, pero también con justicia territorial y responsabilidad compartida.
