El arándano peruano está a punto de romper otro techo histórico. Entre enero y octubre de 2025, el país exportó 298 883 toneladas por US$ 1 819 millones, un crecimiento de 29 % en volumen y 6 % en valor respecto al mismo periodo de 2024, según Fresh Fruit. A simple vista, la historia es redonda: más producción, más mercados, más divisas. Pero detrás del récord aparece la pregunta clave para el país: ¿estamos convirtiendo toneladas en desarrollo justo y sostenible, o solo en cifras vistosas?
El 2025 confirmó el liderazgo del Perú en el mercado mundial del arándano. Las variedades tempranas y el adelanto de cosechas desde abril reconfiguraron la estacionalidad: septiembre desplazó a octubre como mes pico, con US$ 552 millones exportados (79 750 toneladas) y una variación interanual de +14 % en valor y +53 % en volumen, aunque con una caída de 25 % en el precio. El promedio enero–octubre fue de US$ 6,09/kg, 18 % por debajo de 2024.
Esta presión a la baja en los precios responde a un contexto de mayor oferta global. La respuesta peruana ha sido técnica: recambio genético hacia variedades con mejor firmeza, dulzor y vida de anaquel; riego tecnificado; poscosecha en frío; y packings de escala. El mix entre lotes “premium” y volúmenes estándar ha permitido amortiguar la erosión del precio medio. A nivel territorial, el mapa productivo se mantiene: La Libertad (59 %), Lambayeque (20 %), Ica y Áncash (7 % cada una), Lima (6 %) y Piura (1 %), con un calendario que reparte riesgos entre norte y sur.
En mercados, Estados Unidos sigue siendo el principal destino (45 % del valor, US$ 821 millones), pero su peso se reduce frente al avance de Países Bajos (24 %) y, sobre todo, China (12 %), que triplicó sus volúmenes. Asia se vuelve prioritario: protocolos sanitarios en Japón e India, logística más eficiente y la entrada progresiva del puerto de Chancay son piezas estratégicas para reducir tiempos y sostener calidad.
Sin embargo, el récord también obliga a mirar lo que no siempre se menciona: condiciones laborales en el campo, relación de poder entre grandes empresas y pequeños productores, uso responsable del agua y respeto a las comunidades. No se trata de frenar el crecimiento, sino de garantizar que no se construya sobre desigualdades, abusos o prácticas opacas.
Las proyecciones para el cierre de 2025 apuntan a 370 000–390 000 toneladas y entre US$ 2 500 y 2 600 millones; en un escenario optimista, hasta 410 000 toneladas y US$ 2 700 millones. El reto no es solo llegar a la parte alta del rango, sino hacerlo con disciplina comercial, apertura sanitaria oportuna, logística confiable y una gobernanza de la cadena que priorice la calidad por kilogramo y no solo el volumen.
Reflexión final
El arándano se ha convertido en un emblema de éxito agroexportador. Que lo sea también de ética empresarial: contratos claros, pagos justos, respeto ambiental y participación real de las regiones que sostienen esta historia. Solo así el récord de 2025 será más que un número; será un paso firme hacia un modelo que convierta cada kilo exportado en bienestar compartido y no en una brecha más entre el campo y la ciudad.
