El Perú tiene nuevo récord en exportaciones de café

El café peruano vive un momento histórico. En 2025, el país cerraría el año con exportaciones cercanas a los US$ 1,800 millones, según estimaciones de Fresh Fruit, alcanzando un récord de ingresos con menos volumen exportado. Detrás de la cifra hay un logro real para miles de productores y cooperativas que sostienen el sector. Pero también hay una alerta: alta concentración en pocas empresas y mercados, y un 2026 marcado por una mayor oferta global que presionará a la baja los precios. El desafío no es solo económico, sino ético y de justicia: cómo proteger a los pequeños caficultores frente a un tablero internacional desigual.

Entre enero y octubre de 2025, el Perú exportó US$ 1,446 millones en café (+52% vs. 2024) con 195,544 toneladas (–11%), a un precio promedio de US$ 7.39/kg (+71%). Es decir, se ganó más exportando menos, gracias a cotizaciones internacionales altas y a inventarios ajustados. Sin embargo, esta “bonanza” se sostiene sobre bases frágiles: diez empresas explican el 50% del valor exportado y cuatro mercados (Estados Unidos, Alemania, Bélgica y Canadá) concentran cerca del 73% de los ingresos.
Al mismo tiempo, el tablero mundial empieza a cambiar. Brasil y Vietnam se preparan para aumentar significativamente su producción en la campaña 2025/2026, lo que empujará a una baja progresiva de precios. El consenso sectorial anticipa que el arábica podría moverse en una banda de US$ 2.50 a 3.50/lb en 2026, muy por debajo de los picos recientes. En ese escenario, los márgenes se estrecharán y el riesgo de trasladar el ajuste a los eslabones más débiles —los pequeños productores— será alto.
Aquí entra la dimensión ética y empresarial. La concentración del negocio en grandes compañías no puede convertirse en sinónimo de abuso de poder de compra, contratos desiguales o abandono de los compromisos con la agricultura familiar. Es momento de apostar por cadenas de valor más justas, certificaciones que no sean solo marketing, financiamiento accesible, diversificación de mercados y valor agregado (tostado, marcas propias, cafés especiales) desde las regiones.

El récord de exportaciones de café es una buena noticia para el Perú, pero no debe ocultar las vulnerabilidades del modelo. Sin políticas públicas claras, sin regulación transparente y sin responsabilidad empresarial, la caída de precios globales podría traducirse en más pobreza rural, desigualdad y migración interna, mientras unos pocos preservan sus resultados.

Reflexión final
El verdadero éxito del café peruano no se medirá solo en millones de dólares, sino en cuántas familias productoras logran vivir dignamente de su trabajo cuando el ciclo de precios cambie. Este es el momento para que Estado, empresas y cooperativas demuestren que es posible competir en el mercado global sin reproducir injusticias ni abusos. Si el café peruano quiere seguir siendo orgullo nacional, también debe ser sinónimo de comercio justo, transparencia y respeto a quienes lo hacen posible desde la chacra.

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