El Black Friday se ha convertido en una de las fechas comerciales más importantes del calendario peruano. Este 2025, el evento se realizará el viernes 28 de noviembre y marcará el inicio anticipado de la campaña navideña, con miles de productos en oferta tanto en tiendas físicas como en plataformas digitales. Para el sector empresarial, es una vitrina clave; para los consumidores, una oportunidad de ahorrar. Pero también es un momento para preguntarnos qué tipo de mercado estamos construyendo: ¿uno basado solo en el impulso y la saturación publicitaria, o uno donde prime la transparencia, el respeto al cliente y la responsabilidad social?.
El auge del comercio electrónico ha potenciado el alcance del Black Friday. Hoy, grandes marcas, pymes y emprendimientos digitales compiten por la atención del público con descuentos, envíos gratuitos y promociones cruzadas. Bien gestionado, este dinamismo puede traducirse en más ventas formales, empleo, recaudación tributaria y fortalecimiento del ecosistema empresarial peruano.
Sin embargo, el éxito no debe depender de estrategias que vulneren derechos o fomenten el sobreendeudamiento. Es fundamental que las empresas informen con claridad las condiciones de sus ofertas, eviten la publicidad engañosa y respeten políticas de cambios, devoluciones y protección de datos personales. Un Black Friday con ética es también una forma de enfrentar prácticas que generan desconfianza: precios inflados antes de “rebajarlos”, cargos ocultos o cláusulas poco transparentes.
Del lado del consumidor, adelantar compras puede ser una herramienta inteligente para organizar el presupuesto de fin de año, especialmente si coincide con gratificaciones, retiros extraordinarios o ingresos adicionales. La planificación financiera, la comparación de precios entre marcas y el uso de canales oficiales ayudan a reducir riesgos de fraude digital y compras impulsivas que luego se convierten en deudas difíciles de manejar.
El Black Friday 2025 no debería ser solo una carrera por vender más, sino una oportunidad para consolidar un modelo de consumo informado y un sector empresarial comprometido con la legalidad. Cuando las compañías actúan con transparencia y el Estado refuerza la supervisión, se reduce el espacio para la informalidad, la evasión y las prácticas que afectan a los consumidores y a la competencia leal.
Reflexión final
El reto para el Perú es convertir el Black Friday en una fecha emblemática de buenas prácticas comerciales. Si empresas, autoridades y ciudadanía apuestan por la honestidad, la protección del consumidor y la educación financiera, este evento puede dejar de ser solo un día de descuentos para convertirse en un símbolo de cómo se puede hacer negocios con ética, sin abusos y con respeto por quienes sostienen el mercado: las personas.
