Perú: Mejor Destino Culinario 2025 en los World Travel Awards

Foto: La República

En 2025, la gastronomía peruana volvió a decirle al mundo —sin levantar la voz— que aquí la identidad también se sirve. El reconocimiento como Mejor Destino Culinario del Mundo 2025 en los World Travel Awards no es una medalla decorativa: es una señal potente para el turismo, la inversión y los miles de emprendimientos que viven de la cocina, desde el productor hasta el mozo.

Detrás de este logro hay una cadena que trabaja con disciplina: agricultores, pescadores, mercados, pequeñas marcas regionales, cocinas familiares, restaurantes y escuelas que forman talento. La cocina peruana no “se impone” por marketing; seduce porque mezcla biodiversidad, tradición e innovación en un mismo plato, con una narrativa que conecta territorio y mesa.

En paralelo, la escena gastronómica peruana sigue ganando visibilidad global por su excelencia técnica. Que Maido haya liderado una de las listas más influyentes del sector refuerza esa idea: el Perú no solo tiene platos famosos; tiene propuesta, método y consistencia.
Andina

Pero también hay una verdad que el país debe mirar sin maquillaje: este impulso no es fruto de un Estado especialmente facilitador. Con frecuencia, el sector avanza a pesar de trabas: informalidad forzada por costos, burocracia que desgasta, inseguridad que golpea horarios y aforos, y una promoción que muchas veces llega tarde o no llega. Aun así, el motor sigue encendido porque la gastronomía peruana es empresa: crea empleo, compra insumos locales, atrae turismo y formaliza cuando se le abre el camino.

El premio no es “un trofeo del año”; es una oportunidad-país. Si el Perú ya ganó prestigio por talento y trabajo privado, el siguiente salto es convertir ese prestigio en más productividad: mejores condiciones para el pequeño productor, financiamiento accesible para emprendedores, menos fricción tributaria para crecer y una estrategia sostenida de promoción.

Reflexión final
Cuando el mundo reconoce nuestra cocina, reconoce también una forma de hacer país: diversa, creativa y trabajadora. Lo justo —y lo inteligente— es que las autoridades dejen de estorbar y empiecen a despejar el camino, para que el sabor peruano no solo brille… sino que prospere.

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