¡Alerta! Casos de depresión en Perú aumentaron en un 15%

En el Perú, la salud mental se atiende como se atienden las grietas: cuando ya se ven. Este 13 de enero, Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, la cifra no solo preocupa: acusa. Los casos de depresión moderada y grave aumentaron 15% en 2025 y alcanzaron 12.718 registros. Mientras el país insiste en “seguir adelante”, una parte creciente de su gente avanza en piloto automático, sonriendo por fuera y agotándose por dentro.

Que la depresión crezca no es un misterio clínico: es un retrato social. Y tiene rostro. Mujeres y jóvenes concentran los casos. Tres de cada cuatro atenciones por depresión corresponden a mujeres, con una brecha que se abre desde la adolescencia y se sostiene por factores que el país conoce pero prefiere ignorar: violencia, desigualdades, estereotipos, sobrecarga y precariedad emocional normalizada. Lo alarmante es que esto ya no es excepción: es patrón.

En los jóvenes la alarma suena más fuerte. Los intentos de suicidio subieron 26% en el último año, con mayor incidencia entre los 15 y 24 años. Eso no es “sensibilidad generacional”; es desesperanza acumulada. Y el ámbito universitario expone la contradicción más cruel: alto rendimiento, alto desgaste. Tres de cada diez estudiantes presentan síntomas severos o extremadamente severos de depresión, y casi cuatro de cada diez ansiedad severa, pero más de la mitad cree rendir bien. ¿Qué nos dice eso? Que la productividad se convirtió en máscara. Funcionan, sí. Pero a costa de sí mismos.

El país, además, les entrega un cóctel perfecto para el colapso: inseguridad, violencia comunitaria, incertidumbre laboral y un entorno digital que mantiene el cerebro hiperactivado, como si el descanso fuera un lujo culpable. Luego nos sorprendemos de que “no disfrutan”, de que “no se motivan”, de que “están irritable”. No están “malcriados”: están saturados.

Y cuando se habla de ayuda, aparece la trampa final: el acceso sigue siendo limitado y el estigma sigue mandando. Solo una minoría de universitarios recibe apoyo en salud mental, incluso con indicadores severos. En el Perú pedir ayuda aún se interpreta como debilidad, cuando en realidad es una forma de supervivencia. Se prefiere aguantar, rendir, cumplir. Hasta que ya no se puede.

La depresión no es tristeza: es desgaste profundo. No se cura con frases motivacionales ni con “pon de tu parte”. Se enfrenta con prevención, detección temprana, acceso real a atención y políticas públicas que no traten la salud mental como apéndice.

Reflexión final
Este país celebra a quien “no se cae”, pero no pregunta cuánto se rompió para mantenerse en pie. Si la depresión crece, no es porque la gente sea más débil: es porque el entorno es más cruel. Y mientras sigamos exigiendo que todos funcionen, sin garantizar condiciones para vivir con dignidad, estaremos produciendo exactamente eso: un Perú operativo… y emocionalmente en ruinas. (Foto: La República – J. Reyes).

Lo más nuevo

Artículos relacionados