100 días de Jerí: gobierno en piloto automático y país en emergencia

Cien días no alcanzan para arreglar un país, pero sí para demostrar si alguien está gobernando o solo está ocupando una silla. José Jerí llega a su día 100 con un balance que irrita: sin resultados visibles en crimen, salud, educación, alimentación, agricultura o minería, y con una rutina política hecha de fotos, operativos para la cámara y estados de emergencia repetidos que no cambian la realidad. El Perú, en lugar de sentir conducción, siente algo peor: ausencia.

La promesa central fue clara: “guerra” contra sicariato y extorsión. La práctica, en cambio, ha sido conocida: estado de emergencia como muleta, patrullajes y visitas a comisarías, declaraciones grandilocuentes y una lista de medidas aisladas que no forman estrategia. La evidencia cotidiana la pone la calle: más muertos, más cobros, más transporte extorsionado, más familias viviendo con miedo. Si el estado de emergencia fuera solución, el país ya estaría respirando. Pero no: se repite porque es lo único que permite simular acción cuando no hay plan.

Y ahí está el corazón del problema: Jerí no ha sido capaz de liderar y convocar a los sectores para construir un Plan Nacional contra la Criminalidad ni un plan de gobierno mínimo hasta el 28 de julio de 2026. En más de tres meses, ni hoja de ruta, ni metas medibles, ni cadena de mando clara. Solo anuncios, reuniones, “mesas” y el viejo truco del poder peruano: estirar el tiempo hasta que el calendario haga el trabajo que el gobierno no hace.

En paralelo, el Estado se cae por dentro. El colapso de EsSalud no se explica con discursos; se explica con farmacias vacías, citas que no existen y personal que no alcanza. Educación sin norte, alimentación sin urgencia, agricultura y minería con señales erráticas. El país no está pidiendo milagros: está pidiendo que el gobierno haga lo mínimo. Y ni eso.

Como si faltara corrosión, aparece el episodio que resume la forma de gobernar: la reunión fuera de agenda con un empresario chino de intereses cuestionados. En un gobierno que dice “orden”, el secretismo no es detalle: es síntoma. No es una anécdota: es el tipo de sombra que un presidente prudente evita. Jerí, en cambio, la compra gratis, como si el cargo fuera una red social: un error, una aclaración y a otra cosa.

La máquina no prende porque el conductor no conduce. Jerí parece más un sobreviviente que un gobernante: cuenta días, administra riesgos, busca sostenerse. Y cuando el presidente se dedica a subsistir, el país se dedica a sufrir.

A los 100 días, Jerí no ha demostrado un gobierno de transición: ha mostrado una transición sin gobierno. Mucho gesto, poca política pública, cero resultados estructurales.

Reflexión final
Un presidente no está para “llegar” al 28 de julio. Está para responder por cada día antes de esa fecha. Cuando el crimen crece, la salud colapsa y el poder se esconde tras emergencias fallidas, la indignación no es exageración: es defensa propia. El Perú no necesita un influencer con banda presidencial; necesita un jefe de Estado con plan, carácter y responsabilidad.

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