Jerí: más de 100 días y sin plan estratégico contra la delincuencia

En el Perú, la delincuencia no descansa. Pero el Estado sí se da sus licencias. A más de cien días de gobierno, el país sigue esperando lo mínimo que una administración debe ofrecer cuando el sicariato y la extorsión se vuelven rutina: un Plan Nacional de Seguridad Ciudadana claro, ejecutable y medible. En cambio, lo que hemos visto es un calendario de promesas que se estira como chicle, mientras la calle se endurece como plomo.

José Jerí no ha sido tímido para anunciarlo. Lo ha dicho en redes, en ceremonias, en consejos, en entrevistas. A inicios de noviembre calificó de obsoleto el plan vigente y prometió uno nuevo, “adecuado a la realidad”. En octubre, con el estado de emergencia recién instalado en Lima y Callao, ofreció cifras a los siete días. Pasaron semanas. Luego meses. Nada.

El 1 de diciembre, en el CONASEC, puso plazo: “dentro de los primeros 15 días de enero”. El 28 de diciembre lo acortó: “los primeros días de enero”. El 5 de enero, desde el inicio del año judicial, volvió a la fórmula favorita del poder cuando no quiere comprometerse: “en los próximos días”. En Ica, incluso adelantó que el balance del estado de emergencia “ya estaba listo” y que los delitos “comenzaban a descender”, aunque sin resultados oficiales presentados. Y el 11 de enero, ante CNN, cambió otra vez el guion: “a fin de mes”.

Cada nueva fecha no ha sido una muestra de planificación, sino de improvisación. La seguridad ciudadana no se gestiona con frases ni con “antesalas”. Se gestiona con objetivos, presupuesto, responsables, indicadores y rendición de cuentas. Y si el presidente no puede sostener una sola fecha, ¿por qué deberíamos creer que podrá sostener una estrategia?.

Mientras tanto, los transportistas siguen siendo blanco preferido, la economía popular paga cupos y los ciudadanos se acostumbran a vivir en modo supervivencia. El estado de emergencia, sin balance público, se vuelve lo que muchos temen: un anuncio para la foto y una excusa para no construir política pública.

Un Plan Nacional de Seguridad no es un documento decorativo ni un discurso de ocasión. Es la hoja de ruta que separa al Estado de la resignación. Si Jerí no lo presenta —y no presenta resultados verificables del estado de emergencia—, lo que queda es un vacío de liderazgo.

Reflexión final
El país no necesita más fechas; necesita decisiones. Porque cuando el presidente colecciona promesas y posterga respuestas, la delincuencia entiende el mensaje: aquí el que manda es el que actúa, no el que anuncia. Y hoy, lamentablemente, el que actúa con disciplina no es el Estado.

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