EsSalud colapsa: pacientes con cáncer sin fármacos vitales

Hay países que discuten reformas sanitarias. En el Perú, discutimos si el medicamento “llegará” antes de que el paciente se vaya. EsSalud está en UCI a nivel nacional y no es una metáfora elegante: es el retrato crudo de hospitales donde faltan medicinas oncológicas, equipos clave no funcionan y las citas se vuelven una ruleta. Mientras tanto, José Jerí parece más concentrado en sobrevivir políticamente —evitar la vacancia, esquivar la censura, administrar el escándalo— que en enfrentar el colapso más peligroso: el de la salud.

El caso del Rebagliati expone una vergüenza institucional sin maquillaje: pacientes con cáncer reportan desabastecimiento de medicina biológica; familias enteras entran en pánico porque la interrupción del tratamiento no es “una demora”, es un riesgo inmediato. Y cuando buscan respuestas, el Estado les contesta con el idioma preferido de la indolencia: “trámite”, “logística”, “tesorería”. Se habla incluso de una deuda millonaria con proveedores, como si la vida fuera una factura que puede esperar a la próxima reunión de oficina.

¿Y qué ofrece la autoridad? La misma receta que se repite en cada crisis: silencio, burocracia y promesas sin fecha. El mensaje real es brutal: “aguante nomás”. Como si una madre de 82 años, en etapa avanzada, tuviera que pedir permiso al sistema para seguir viviendo. Como si el cáncer aceptara reprogramaciones.

Y el Almenara no se queda atrás: un tomógrafo malogrado que obliga a postergar exámenes decisivos, con pacientes que arrastran meses esperando. En salud, reprogramar no siempre es “ordenar agenda”; muchas veces es empujar a alguien al borde. Si el diagnóstico se demora, el tratamiento se atrasa. Si el tratamiento se atrasa, la enfermedad avanza. Eso lo entiende cualquiera… menos el aparato estatal cuando se acostumbra a funcionar sin consecuencias.

Y cuando el problema se repite en regiones —como el desabastecimiento de pastillas oncológicas en Arequipa— ya no hablamos de un “incidente”, sino de un sistema que se cae por dentro.

Jerí y su gobierno no pueden pretender que el país se escandalice solo por reuniones y maniobras políticas mientras EsSalud se desangra en cámara lenta. La salud pública no es un asunto secundario: es la frontera entre dignidad y abandono.

Reflexión final
Si EsSalud está en UCI, el Estado debería estar en emergencia moral. Porque cuando faltan medicinas y fallan equipos, no colapsa un hospital: colapsa la promesa mínima de la República. Y un gobierno que prioriza el blindaje sobre la vida, no administra una transición: administra una deuda humana.

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