Generación Z convoca a marcha contra José Jerí este 28 de enero

La noticia no es solo que haya marcha. La noticia es quién la convoca y por qué. La Generación Z ha llamado a una movilización nacional este 28 de enero contra José Jerí, y eso marca un punto de quiebre: cuando los más jóvenes —los que supuestamente “no se meten en política”— salen a la calle, es porque el gobierno ya no inspira ni paciencia ni temor, solo hastío.

La convocatoria nace después del “Chifagate”, sí, pero no se alimenta únicamente de ese episodio. Se alimenta de algo más grande: la sensación de que el país está siendo administrado como un trámite, mientras la gente vive en modo supervivencia. Por eso el lema que circula es tan directo: “José Jerí no puede pasar ni un mes más en Palacio”. No es una frase emotiva. Es un veredicto ciudadano.

Jerí y su entorno han intentado convertir el escándalo en una anécdota. Han querido vender normalidad donde hay opacidad, y cercanía donde hay descaro institucional. Pero la Generación Z no está marchando por un chifa: está marchando por la desconfianza acumulada, por la corrupción que nunca se corta, por la impunidad que se recicla y por un Estado que parece más rápido para justificarse que para responder.

Lo que incomoda al poder es el contenido político de esta protesta: no pide “ajustes”, pide salida. Denuncia violencia, olvido de regiones, abandono y hartazgo. Es decir, no está discutiendo un error puntual: está cuestionando la utilidad del gobierno. Y ese es el peor escenario para un presidente: cuando la crítica deja de ser “lo hiciste mal” y se vuelve “ya no sirves”.

Además, hay un elemento que el gobierno subestima: la Generación Z no se organiza como los viejos aparatos. Se articula rápido, con redes, con símbolos, con memoria reciente. No olvidan Sarratea, no olvidan los “no sabía”, no olvidan el manual de la excusa peruana. Y por eso la calle se convierte en tribunal cuando las instituciones se vuelven lentas o complacientes.

La marcha del 28 de enero es un mensaje de alto voltaje: Jerí ya no está discutiendo popularidad, está discutiendo legitimidad. Y cuando la legitimidad se rompe, la agenda del gobierno deja de importar; lo único que importa es su permanencia.

Reflexión final
Que la Generación Z marche no es “desestabilización”: es el síntoma de un país cansado de presidentes que gobiernan para sobrevivir ellos, no para proteger a la gente. Jerí puede seguir hablando de normalidad, pero el 28 la calle le va a recordar una regla básica: el poder que no rinde cuentas, tarde o temprano, rinde consecuencias.

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