Rafael López Aliaga propone a reemplazante de José Jerí

En el Perú, la política ya no se discute en torno a resultados, sino a reemplazos. Y eso, por sí solo, ya es un síntoma. La propuesta de Rafael López Aliaga de que el Congreso elija a María del Carmen Alva como reemplazante de José Jerí no aparece en el vacío: nace del desgaste acelerado de un Gobierno de transición que prometió orden, pero terminó atrapado en explicaciones, sospechas y una agenda que parece más defensiva que ejecutiva.

López Aliaga ha sido “fuerte y claro”, sí. Pero conviene mirar el cuadro completo: su planteamiento llega mientras Renovación Popular empuja una ofensiva política, recolecta firmas y presiona para una decisión rápida del Parlamento. El mensaje es simple: la crisis no se resuelve con discursos, se resuelve con votos. Y en tiempos electorales, cada voto vale doble: por el país y por la campaña.

El argumento del líder de Renovación Popular se apoya en dos ideas: que Jerí ya perdió margen político y que el Congreso debe actuar sin dilaciones. En ese marco, propone un nombre “limpio” y con “madurez política”. Más allá de simpatías o rechazos, la pregunta institucional es otra: ¿qué tan grave es la situación para que el debate público pase de “qué hará el Gobierno” a “quién lo reemplaza”? Porque cuando un presidente de transición es mencionado como un problema a resolver, la transición se vuelve un pantano.

La crítica de López Aliaga apunta también a lo simbólico: un país con homicidios, extorsiones y miedo cotidiano no tolera señales de frivolidad ni reuniones fuera de agenda que alimenten sospechas. Si el Ejecutivo se convierte en una máquina de aclaraciones, el Estado deja de gobernar y empieza a sobrevivir. Y la supervivencia, en política, suele pagarse con desconfianza social y oportunismo parlamentario.

Pero cuidado: el “relevo” no es una varita mágica. Cambiar de rostro sin cambiar de reglas solo reemplaza un problema por otro. Si el Congreso pretende “resolver” la crisis, tendrá que explicar por qué ahora sí, cuando antes sostuvo equilibrios convenientes. Y si el país exige cambios urgentes, esos cambios deben venir con transparencia, agenda pública y metas verificables, no solo con nombres.

La propuesta de López Aliaga instala un hecho incómodo: Jerí ya no discute liderazgo, discute permanencia. Cuando el debate gira a reemplazos, la autoridad se encoge y la gobernabilidad se negocia.

Reflexión final
El Perú necesita decisiones, pero también necesita decencia institucional: reglas claras, agendas registradas y cuentas rendidas antes del escándalo, no después. Si el Congreso va a mover piezas, que no lo haga por cálculo ni por aplauso fácil: que lo haga para devolverle al país lo mínimo indispensable en democracia: confianza. (Foto: (Bloomberg/Angela Ponce).

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