Reelección 2026: congresistas multiplican su patrimonio 127 veces

“Representar al pueblo” debería ser un honor, no un modelo de acumulación acelerada. Pero el Perú electoral vuelve a mostrar su lado más incómodo: congresistas que van por la reelección multiplicaron hasta 127 veces el valor de su patrimonio, según una investigación de Diario La República. No es una metáfora: es un dato que descoloca y exige explicaciones. Mientras el ciudadano pelea por llegar a fin de mes, varios aspirantes pelean —y ganan— en la liga de los saltos patrimoniales.

El problema no es que alguien mejore su situación económica. El problema es la magnitud y el contexto: cinco años de cargo público, un país con inseguridad desbordada, instituciones desprestigiadas y patrimonios que se disparan como si el Congreso fuera una incubadora de fortunas.

Según Diario La República, el caso más extremo es el de Margot Palacios, quien pasó de declarar S/14.700 en 2021 a S/1.882.032 en 2026 (el célebre “127 veces”). Le sigue Ana Zegarra, de S/17.200 a S/836.814,13. Álex Paredes sube de S/32.683,60 a S/949.984,48; Jaime Quito de S/22.000 a S/580.812,04; Isabel Cortez de S/14.100 a S/343.007,50; y Noelia Herrera de S/27.000 a S/642.109,82.

En el bloque fujimorista, Rosangella Barbarán crece de S/28.943,17 a S/398.606,40, y aparecen cifras que ya no son “mejoras”, sino otro campeonato: Tania Ramírez de S/423.456 a S/3.262.459,50 y David Jiménez de S/1.381.587,38 a S/10.359.939. Y en el podio de los más millonarios, José Luna Gálvez pasa de S/30.317.716,08 a S/42.425.377,34.

Aquí está el nudo: declarar no es justificar. Registrar un salto no explica su origen. Cuando el incremento es desproporcionado, la obligación democrática es simple: transparencia proporcional.

La reelección pretende vender continuidad, pero estos números alimentan otra lectura: continuidad de privilegios. Un país que no logra “crecer” en seguridad, salud o justicia, ve cómo algunos sí crecen —y a velocidad récord— dentro del poder.

Reflexión final
Que un congresista busque reelección es legítimo. Lo que no es legítimo es pedir aplausos cuando el balance de su paso por el Estado parece más próspero para su bolsillo que para la ciudadanía. Si quieren otro periodo, que lo ganen con resultados y rendición de cuentas. Porque cuando el patrimonio se multiplica hasta 127 veces, la democracia no se fortalece: se devalúa. Y el elector debería votar con una pregunta incómoda, pero indispensable: ¿quién prosperó realmente durante estos cinco años?.

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