Censura en marcha: 78 firmas para sacar a Jerí del Gobierno

Renovación Popular y la Bancada Socialista buscan 78 firmas para censurar a José Jerí. La noticia suena a corrección institucional, pero en el Perú las “correcciones” suelen aparecer cuando el daño ya está hecho y la vergüenza ya circuló. Jerí no está en la cuerda floja por un traspié: está ahí porque convirtió la transición en un gobierno a oscuras, donde el país se entera por filtraciones lo que debió conocer por transparencia.

Seamos directos: Jerí no gobierna, administra su crisis. No dirige un Estado; dirige un control de daños. Cada día, en vez de decisiones, entrega excusas. En vez de ruta, entrega coartadas. Y cuando la institucionalidad exige claridad, el presidente ofrece lo único que domina: “me pongo a disposición”, como si rendir cuentas fuera un favor y no una obligación.

Que hoy se recojan firmas para su censura no es solo un gesto contra Jerí: es la constatación de que su mandato se pudrió en tiempo récord. Un presidente de transición debía ser lo contrario a un improvisado: debía ser previsible, transparente, austero. Jerí ha sido todo lo contrario: un mandatario que aparece más como actor de una escena clandestina que como conductor de un país en emergencia.

Pero la crítica no termina en Palacio. Porque el Congreso también juega su papel de siempre: incendia la casa y luego se ofrece como bombero. Ahora piden firmas, hablan de ética, invocan institucionalidad. ¿Y dónde estaban cuando se normalizaba el “arreglo” político que lo puso ahí? ¿Dónde estaban cuando la política se degradaba a reuniones sin registro, a explicaciones tardías, a esa vieja costumbre de creer que el Estado es una sala privada?.

No nos engañemos: aquí hay cálculo. La censura se acelera porque el caso ya es tóxico y nadie quiere cargarlo en campaña. La moral aparece cuando aparece el costo. Hoy Jerí es el lastre perfecto: sirve para demostrar “firmeza”, para ganar titulares, para marcar distancia. Y mañana, si cambia el viento, muchos de los que hoy firman jurarán que “nunca lo apoyaron”. El libreto nacional.

Lo más grave es el mensaje que deja esta historia: mientras la gente vive con miedo, mientras se multiplican extorsiones y asesinatos, el gobierno se vuelve una pelea por sobrevivir en el cargo. El país no tiene presidente; tiene un hombre contando días, cuidando su silla, respondiendo por lo que no debió ocurrir.

Las 78 firmas son un síntoma: el Perú llegó al punto en que la transición se volvió ingobernable por la conducta del propio presidente. Si la credibilidad era el único capital, Jerí la gastó como si fuera ajena.

Reflexión final
La censura no debería ser la noticia. La noticia es que el país haya tolerado tanto tiempo un gobierno que camina con la sombra por delante. Y si Jerí cae, no se celebra un triunfo: se confirma una tragedia recurrente. Porque en el Perú, la política no se cae por falta de oportunidades, sino por exceso de impunidad. (Foto: La República).

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