Elecciones 2026: Peligro, el 65% de peruanos prefiere a un outsider

Que el 65% de peruanos prefiera a un outsider para el 2026 no es una moda: es un grito de hartazgo. Cuando la política tradicional se convierte en sinónimo de corrupción, desgobierno e indiferencia, el electorado busca al desconocido como quien busca agua en el desierto. El problema es que en el Perú el outsider no ha sido salvación, sino experimento de alto riesgo.

Alberto Fujimori en 1990 y Pedro Castillo en 2021 llegaron como “caras nuevas”. Prometieron romper el sistema y terminaron moldeándolo a su manera, con consecuencias institucionales profundas. El outsider, en versión peruana, no llega con reformas, llega con improvisación; no llega con equipos sólidos, llega con slogans; no llega con Estado, llega con intuición. Y la intuición no gobierna países.

Hoy, mientras el electorado sueña con un nuevo “salvador”, la realidad ofrece señales inquietantes. En el gobierno de José Jerí se contrataron empresas chinas por S/ 1.400 millones, y una empresa vinculada a Zhihua Yang obtuvo contratos tras visitar tres veces Palacio. Legal o no, el mensaje es devastador: el poder se reúne, contrata y luego explica —si es que explica— cuando ya no queda mucho por hacer. En cualquier democracia madura, eso activaría alarmas. Aquí activa comunicados.

El outsider, además, suele llegar sin bancada fuerte, convertido en rehén del Congreso. El Parlamento pone ministros, amenaza con vacancias y gobierna desde la sombra, mientras el presidente sobrevive negociando cuotas. Lo vimos con Vizcarra, lo vimos con Castillo. Presidentes débiles, Congresos desbordados, Estado paralizado. Y ciudadanos pagando el precio en inseguridad, informalidad y abandono.

Como si fuera poco, algunos actores políticos siguen coqueteando con la narrativa del fraude, usando incluso el tema de los DNIs no renovados para sembrar sospechas. Ya se hizo en 2021. Se volverá a hacer si sirve para erosionar resultados incómodos. La desinformación no es un error, es una estrategia.

El outsider es un síntoma, no una solución. Es la expresión del rechazo a los partidos, pero también la puerta abierta a liderazgos sin control, sin estructura y sin rendición de cuentas.

Reflexión final
Si el Perú insiste en buscar salvadores sin sistema, seguirá obteniendo gobiernos sin Estado. El verdadero outsider que necesitamos no es un candidato carismático, sino una política decente, partidos renovados y ciudadanos menos ingenuos. De lo contrario, el 2026 no será un nuevo comienzo, sino otro capítulo del mismo manual de desilusiones.(Foto: La República).

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