Crece consumo de cigarros electrónicos en adolescentes

En el Perú, la adicción se modernizó. Ya no llega con el cigarro escondido en el bolsillo y el olor delator en la ropa, sino con vapes de colores, luces, aromas frutales y diseño “tecnológico”. Y lo más grave: se ha instalado en la adolescencia como si fuera una moda inofensiva. El reciente estudio de CEDRO prende la alarma con cifras que deberían sacudir a padres, colegios y autoridades: más del 20% de escolares de 12 a 17 años usó cigarrillos electrónicos en el último mes, y más del 40% los probó alguna vez.

No es casualidad que esto crezca. El vape no “aparece”: se empuja. Se vende como accesorio, como tendencia, como alternativa “menos dañina”. Pero su esencia es la misma: nicotina. Y con la nicotina llega el enganche. CEDRO lo advierte con claridad: estos dispositivos están diseñados para administrar nicotina y contienen miles de sustancias y químicos añadidos para sostener el aerosol y fabricar sabores. No es “vapor de agua”: es una puerta de entrada a la dependencia, con perfume para que no asuste.

El consumo adolescente se explica también por el entorno. Cuando un porcentaje importante reporta amigos que consumen y entre un 15% y 20% indica que algún familiar fuma, el mensaje social es devastador: “no pasa nada”. En ese caldo de cultivo, el colegio se convierte en vitrina y la casa, sin querer, en habilitadora. Luego nos sorprende que el consumo pueda iniciar desde edades tan tempranas como los 10 años y consolidarse a los 14 o 15, justo cuando la identidad se construye a presión y la pertenencia pesa más que el criterio.

Pero si queremos hablar en serio, hay otro actor: el Estado. ¿Dónde está la fiscalización efectiva? ¿Dónde están las medidas contra la venta a menores, la publicidad encubierta, los sabores que hacen del vape un caramelo químico? Peor aún: el Perú lidera la cuota de mercado mundial de cigarrillos con cápsulas de sabor. Eso no es un orgullo; es una señal de que la industria encontró aquí un terreno fértil: regulación débil y prevención tardía.

El crecimiento del vapeo adolescente no es un “fenómeno juvenil”; es un fracaso colectivo. Cuando el mercado actúa con estrategia y la salud pública responde con folletos, gana el primero.

Reflexión final
Si queremos cortar esta tendencia, hay que dejar la hipocresía: regulación clara, control real de venta, campañas sostenidas en escuelas, y coherencia en casa. Porque cada vape que se normaliza hoy es una dependencia que se lamentará mañana. Y un país que permite que la nicotina se disfrace de juguete no está modernizándose: está renunciando a proteger a sus adolescentes. (Foto: Unir.Net).

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