La próxima llegada al Perú de Carlos Julio Castellanos, presidente de AIPS América, representa mucho más que una visita institucional. En medio de la crisis que atraviesa el Círculo de Periodistas Deportivos del Perú (CPDP), su presencia abre una posibilidad concreta de mediación en un conflicto que, lejos de resolverse con el paso del tiempo, ha profundizado el desgaste interno de una institución histórica del periodismo deportivo nacional. En momentos en que la representación gremial aparece cuestionada y la división interna se hace cada vez más visible, la intervención de un actor continental puede convertirse en una señal de esperanza.
La crisis del CPDP se arrastra desde 2023, tras el fallecimiento del doctor Ítalo Villarreal. Desde entonces, la sucesión y la conducción institucional han quedado bajo una sombra de controversia. Agustín Rodríguez Yupanqui asumió la presidencia en un contexto que para muchos socios nunca fue plenamente esclarecido, mientras que otro sector, encabezado por Luis Salazar Valdelomar, reclama transparencia, legitimidad y recuperación de la institucionalidad. Esta disputa no solo ha fracturado al gremio, sino que ha debilitado su autoridad moral, su capacidad de representación y la confianza de sus propios asociados.
Por eso, la visita de Castellanos adquiere una importancia singular. Aún no se sabe si se sentará con Agustín Rodríguez y Luis Salazar por separado o en forma conjunta. El itinerario en Lima del titular de AIPS América se confirmará en las próximas horas. Lo concreto es que Castellanos oficiará de mediador, y ojalá pueda lograr un entendimiento en beneficio del Círculo de Periodistas Deportivos del Perú. Su eventual papel no debe ser entendido como una intromisión, sino como un esfuerzo por ayudar a encauzar una crisis que ya desbordó el plano interno y amenaza con deteriorar aún más la imagen del gremio ante el país y ante la comunidad periodística internacional.
Para un sector de los asociados, el CPDP se encuentra bajo un “secuestro institucional”, una expresión dura, pero reveladora del nivel de quiebre existente. Lo que está en juego no es solamente un cargo o una mesa directiva: está en disputa la legitimidad de la representación, el control del padrón, el manejo del sello institucional, la administración de recursos y la protección de un patrimonio que, según se ha señalado, supera los dos millones de dólares. Cuando una institución gremial entra en ese terreno, ya no basta con pronunciamientos; se requieren acuerdos, legalidad, quórum, actas y decisiones ejecutables.
Sin embargo, conviene ser claros: ninguna mediación será eficaz si las partes llegan con la intención de ganar una batalla personal en vez de salvar la casa común. El CPDP necesita menos cálculo y más responsabilidad histórica. Necesita dirigentes que comprendan que el gremio no puede seguir siendo rehén de desconfianzas, silencios y posiciones irreconciliables. Una institución que debería defender al periodista deportivo peruano no puede permanecer atrapada en una disputa que erosiona su credibilidad y paraliza su misión.
La reflexión final es inevitable. La llegada de Carlos Julio Castellanos puede marcar un punto de inflexión, pero el verdadero desenlace dependerá de la voluntad de los propios actores. Si hay apertura, respeto al estatuto y compromiso con la verdad institucional, esta visita puede convertirse en el inicio de una reconciliación necesaria. Si no, será apenas una oportunidad perdida más. Y el CPDP, que merece unidad, legitimidad y futuro, no está en condiciones de seguir perdiendo tiempo. (Foto: AIPS América).
