Amaños sin cárcel: la peligrosa grieta del fútbol peruano

El fútbol peruano enfrenta una amenaza que no aparece en las estadísticas ni en la tabla de posiciones. Se trata de los amaños deportivos vinculados a las apuestas, un fenómeno que ha golpeado a ligas de todo el mundo y que hoy pone en riesgo la credibilidad de las competiciones nacionales.

Lo preocupante es que, mientras las modalidades de manipulación evolucionan y se vuelven cada vez más sofisticadas, las herramientas legales para combatirlas continúan siendo insuficientes. En el Perú, quienes participan en estas prácticas pueden enfrentar sanciones deportivas o administrativas, pero aún no existe una respuesta penal efectiva plenamente vigente.

Cuando se habla de amaños, muchas personas imaginan partidos arreglados para favorecer una victoria, un empate o una derrota. Sin embargo, esa es apenas una de las modalidades existentes.

La forma más tradicional consiste en alterar el resultado final de un encuentro mediante acuerdos entre jugadores, árbitros o terceros interesados. No obstante, las organizaciones criminales vinculadas a las apuestas han desarrollado mecanismos mucho más difíciles de detectar.

La modalidad que más preocupa actualmente es el denominado spot-fixing. En estos casos ya no importa quién gane o pierda el partido. Lo que se manipula es una acción específica sobre la cual existen apuestas. Un futbolista puede recibir deliberadamente una tarjeta amarilla, un arquero puede provocar un córner innecesario o un defensor puede cometer una falta en un momento determinado del encuentro.

Existen además amaños relacionados con estadísticas deportivas. Algunos mercados permiten apostar sobre la cantidad de goles, córners, tarjetas amarillas, faltas o penales. Son situaciones aparentemente normales para el espectador, pero que pueden generar considerables ganancias para redes criminales.

Otra modalidad consiste en manipular únicamente una parte del partido, como el resultado del primer tiempo, o utilizar información privilegiada sobre lesiones, alineaciones o sanciones antes de que sea conocida públicamente.

Los antecedentes internacionales demuestran la magnitud del problema. Europa investigó cerca de 200 partidos sospechosos en uno de los mayores escándalos registrados por la UEFA. China condenó a dirigentes, árbitros y futbolistas por corrupción deportiva. Corea del Sur sancionó a más de cincuenta jugadores por participar en redes vinculadas a apuestas ilegales. España continúa desarrollando investigaciones judiciales relacionadas con manipulación de encuentros.

El Perú tampoco ha escapado a esta amenaza. Las denuncias confirmadas por la CONAR, la expulsión de por vida del árbitro Miguel Santivañez, los cuestionamientos surgidos alrededor de UTC y las sospechas registradas en Liga 1, Liga 2 y Copa Perú evidencian que el riesgo existe.

Sin embargo, la principal debilidad se encuentra fuera de la cancha. Mientras la Federación Peruana de Fútbol puede suspender o inhabilitar a los responsables, el país todavía carece de una respuesta penal consolidada.

La situación resulta aún más preocupante porque el Congreso aprobó en su momento la Autógrafa del Proyecto de Ley n.º 9645-2024/CR, que incorpora el artículo 197-A al Código Penal y establece penas de hasta ocho años de prisión para quienes participen en la manipulación de resultados deportivos vinculados a apuestas. Sin embargo, la norma fue observada por el Poder Ejecutivo y devuelta al Parlamento, donde continúa pendiente de aprobación definitiva.

El daño provocado por los amaños va mucho más allá de una apuesta ganada o perdida. Lo que está en juego es la confianza de millones de aficionados. Cuando surge la sospecha de que una tarjeta amarilla, un penal o incluso el resultado de un partido pudieron ser comprados, la credibilidad del fútbol comienza a deteriorarse.

Reflexión final
La verdadera discusión no es si las apuestas deportivas deben existir, sino si el Estado está dispuesto a proteger la integridad del deporte con herramientas legales efectivas. Mientras las mafias perfeccionan sus mecanismos y aprovechan vacíos normativos, el fútbol peruano continúa enfrentando una amenaza que puede erosionar su principal patrimonio: la confianza pública. Porque cuando manipular un partido solo genera sanciones deportivas y no consecuencias penales reales, el mensaje es peligroso. Y cuando la confianza desaparece, pierde el fútbol, pierden los clubes y pierden millones de aficionados que todavía creen que los partidos deben definirse únicamente en la cancha. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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