La burocracia manda en Perú y la digitalización es solo un cuento

El Estado peruano lleva años vendiendo la misma promesa con envoltura nueva: modernización, simplificación, interoperabilidad, transformación digital. Todo suena impecable en los discursos, en los PowerPoint y en las ceremonias oficiales. El problema comienza cuando el ciudadano intenta hacer un trámite y descubre que el futuro termina exactamente donde empieza la burocracia.

La supuesta digitalización no ha eliminado el laberinto: lo ha trasladado a una pantalla. Antes se hacía cola frente a una ventanilla; ahora se hace cola frente a una página que no carga. Antes se pedía una copia básica; ahora se exige un PDF con peso máximo, formato específico, firma digital y paciencia ilimitada.

El colosal fraude de la modernización estatal consiste en confundir tecnología con eficiencia. Digitalizar un trámite inútil no lo convierte en útil. Ponerle un código QR a una exigencia absurda no la vuelve moderna. Y obligar al ciudadano a imprimir, firmar, escanear y subir nuevamente un documento es casi una obra de arte del absurdo administrativo.

El Estado, además, conoce considerable parte de nuestra información. Sabe dónde vivimos, dónde votamos, qué bienes tenemos, cuánto tributamos y qué actividad económica registramos. Aun así, no pocas veces nos obliga a llevarle sus propios datos de una institución a otra.

Es decir, el ciudadano termina haciendo el trabajo de interoperabilidad que el Estado prometió resolver.

La burocracia tampoco es gratuita. Cada requisito repetido, cada observación innecesaria y cada demora tiene un costo: tiempo perdido, inversiones retrasadas, empresas que no se formalizan, permisos que no llegan y ciudadanos que terminan pagando gestores para sobrevivir al sistema.

Mientras tanto, el aparato público inaugura portales y plataformas como si cada aplicativo fuera una revolución. Pero casi nunca se responde lo esencial: ¿cuántos trámites desaparecieron?, ¿cuántas horas se ahorraron?, ¿cuántos requisitos dejaron de repetirse?, ¿cuántas entidades realmente comparten información?

Mucho anuncio. Mucha interfaz. Mucha modernización de escaparate. Poca simplificación real.

El Perú no necesita más plataformas para esconder los mismos obstáculos. Necesita menos trámites, menos duplicidad, ventanillas únicas, bases de datos conectadas y funcionarios evaluados por el tiempo que le ahorran al ciudadano, no por la cantidad de procedimientos que administran.

Reflexión final
Un Estado moderno no es el que presume más aplicaciones, sino el que molesta menos al ciudadano. Si después de tantos años de “transformación digital” seguimos atrapados entre claves, observaciones, documentos repetidos y oficinas que no coordinan, entonces la digitalización no ha fracasado por falta de tecnología. Ha fracasado porque la burocracia sigue mandando. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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