Lamour, Cordeiro y Csányi: tres hombres que desafiaron a Infantino

La crisis de Gianni Infantino ya no se mide únicamente por comunicados críticos, confederaciones descontentas o proyectos frustrados. Ahora tiene nombres y apellidos: Kevin Lamour, Carlos Cordeiro y Sándor Csányi. El primero salió de FIFA, el segundo renunció y el tercero permanece como vicepresidente, pero retiró formalmente su confianza política al presidente. Son situaciones distintas y deben diferenciarse, pero juntas dibujan una fotografía incómoda: el cuestionamiento a Infantino ya no golpea solamente las puertas de FIFA. Ha entrado en la casa y alcanzado los despachos del poder.

Cuando quienes trabajaron cerca del presidente empiezan a marcharse o enfrentarlo públicamente, resulta insuficiente explicar la situación como una simple diferencia de opiniones. Algo más profundo se ha quebrado: la confianza.

El caso de Kevin Lamour, exdirector general de Operaciones, resulta especialmente sensible. Su relación laboral terminó el 17 de agosto, semanas después de cuestionar duramente el FIFA Forward Enterprise y afirmar que la administración había sido “engañada” respecto del proyecto destinado a incorporar inversores privados al negocio comercial de FIFA. La proximidad entre crítica y salida no demuestra por sí misma una represalia, pero plantea una pregunta inevitable: ¿qué espacio real tiene la discrepancia dentro de FIFA cuando una de sus voces internas de mayor rango termina fuera después de enfrentarse al proyecto presidencial?

Carlos Cordeiro eligió otro camino: marcharse. Renunció como asesor principal tras considerar que el proyecto era un mal acuerdo para las federaciones, para el fútbol y para su futuro. No necesitó esperar una decisión administrativa. Prefirió abandonar un cargo privilegiado antes que respaldar una iniciativa con la que discrepaba profundamente. Cuando alguien cercano al poder renuncia por principios, el problema deja de ser exclusivamente comercial y pasa a ser institucional.

Más incómodo todavía es Sándor Csányi. Continúa sentado en el Consejo porque su cargo de vicepresidente es electivo y no depende de la voluntad administrativa de Infantino. Pero políticamente rompió con él y retiró su confianza rumbo a 2027. La oposición, por tanto, ya no solamente protesta desde las confederaciones: también ocupa una silla en la mesa donde se gobierna FIFA.

Infantino puede reemplazar funcionarios, aceptar renuncias y buscar nuevos aliados entre las 211 federaciones. Lo que no puede reemplazar mediante un nombramiento es la credibilidad perdida cuando quienes conocieron su administración desde dentro comienzan a cuestionarla.

Lamour salió, Cordeiro renunció y Csányi permanece, pero rompió políticamente. Tres decisiones diferentes que convergen en un mismo problema: el deterioro de la confianza en el liderazgo de Infantino. FIFA necesita explicar más y administrar menos silencios.

Reflexión final
El poder puede conservarse reuniendo votos; la autoridad necesita confianza. Infantino todavía puede conseguir lo primero rumbo a 2027. Lo segundo parece cada vez más complicado.

Lamour, Cordeiro y Csányi ya se plantaron. La pregunta ahora es quién será el siguiente.

Porque cuando quienes conocen el poder desde dentro comienzan a apartarse, quizá el problema ya no esté en quienes deciden irse, sino en por qué han dejado de querer permanecer al lado de quien manda. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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