FIFPRO exige revisión independiente de la gobernanza de la FIFA

El futbolista pone el cuerpo, soporta calendarios asfixiantes y convierte cada competición en un negocio mundial. Sin embargo, cuando llega la hora de decidir cómo se administra ese espectáculo, su voz suele quedarse fuera de la sala. Por eso, la exigencia de FIFPRO de someter la gobernanza de la FIFA a una revisión independiente no es una protesta corporativa: es una alarma sobre la concentración del poder en la institución que dirige Gianni Infantino.

La controversia estalló con FIFA Forward Enterprise, proyecto que pretendía incorporar inversionistas privados a una empresa encargada de operaciones comerciales relacionadas con las principales competiciones masculinas y femeninas. La iniciativa fue retirada después de recibir una fuerte oposición internacional, pero cancelar el proyecto no borra las dudas sobre cómo fue concebido ni quiénes participaron realmente en su elaboración.

Según FIFPRO, una propuesta capaz de transformar la propiedad y la gestión comercial de la Copa del Mundo fue desarrollada sin conocimiento suficiente del Consejo de la FIFA, las federaciones, los jugadores y otros actores directamente afectados. El sindicato exige derechos de voto para los representantes del fútbol profesional, consultas jurídicamente vinculantes y reformas que impidan decisiones unilaterales. FIFPRO

Aquí reside el fondo del conflicto: la FIFA escucha a los futbolistas cuando necesita promocionar sus torneos, pero parece menos dispuesta a escucharlos cuando reparte autoridad, diseña calendarios o negocia el futuro comercial del juego. Se les exige rendimiento, disciplina y lealtad; a cambio, se les concede una participación que demasiadas veces parece ornamental.

Una revisión interna tampoco sería suficiente. Cuando una institución se examina a sí misma, el espejo puede devolver la imagen que sus autoridades desean contemplar. La investigación debe ser verdaderamente independiente, con acceso a documentos, responsabilidades claramente identificadas y conclusiones públicas. Transparencia no es difundir comunicados cuidadosamente redactados, sino explicar quién decidió, con qué facultades y bajo qué controles.

La situación también interpela a clubes, ligas y federaciones. Guardar silencio mientras las decisiones favorecen intereses circunstanciales y reclamar institucionalidad únicamente cuando cambian los vientos no constituye gobernanza responsable. Los contrapesos se defienden siempre, incluso cuando incomodan a los aliados.

Gianni Infantino y el Consejo de la FIFA deben aceptar una evaluación externa sin condiciones ni zonas reservadas. Si la conducción actuó correctamente, la revisión podrá demostrarlo; si existieron fallas estructurales, corresponderá reformarlas y establecer responsabilidades.

Reflexión final
El fútbol no pertenece a una oficina ni puede administrarse como patrimonio de una presidencia. Pertenece también a quienes lo juegan, lo trabajan y lo sostienen. Cuando el poder teme compartir decisiones, la transparencia deja de ser una promesa: se convierte en una deuda. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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