¿Por qué resulta tan difícil derrocar a Gianni Infantino en FIFA?

Gianni Infantino afronta una rebelión que produce titulares, comunicados y fotografías de dirigentes contrariados, pero todavía no genera aquello que realmente podría apartarlo de la presidencia de la FIFA: una mayoría electoral organizada. Su proyecto para entregar participación privada en activos comerciales vinculados con los mundiales abrió una profunda crisis de confianza. No obstante, mientras sus adversarios denuncian, Infantino cuenta votos. Esa diferencia explica por qué derrocarlo resulta tan difícil.

El primer obstáculo es la fragmentación de la oposición. UEFA, varias federaciones europeas y otros actores han cuestionado la falta de transparencia en FIFA Forward Enterprise. Sin embargo, no existe una moción de censura en marcha ni un candidato alternativo confirmado. Criticar al presidente sin presentar un programa, un liderazgo y una coalición electoral equivale a disparar pólvora institucional con el marcador apagado.

El segundo factor es el tiempo. Infantino lleva una década construyendo relaciones con las 211 federaciones nacionales que votan en el Congreso. Visitas, programas de desarrollo, nombramientos y cercanía con dirigentes han formado una red de lealtades difícil de quebrar. Estas relaciones no prueban irregularidades, pero exigen controles estrictos para garantizar que los recursos institucionales jamás puedan confundirse con instrumentos de influencia electoral.

El tercer elemento es el sistema de “un país, un voto”. Francia, Alemania o España tienen individualmente el mismo peso electoral que cualquier pequeña federación. El principio democratiza la representación, pero también permite que un presidente consolide su continuidad cultivando apoyos entre asociaciones dependientes de la financiación internacional. La grandeza deportiva no entrega más votos; la organización política, sí.

También influye la retirada del boicot. UEFA evitó prolongar una medida que podía convertir a jugadores y aficionados en víctimas de la disputa. La decisión fue comprensible, pero eliminó la presión más contundente contra Infantino. Sin sanción deportiva, moción de censura ni rival electoral, la rebelión quedó reducida a una batalla de declaraciones.

Finalmente, los opositores esperan que investigaciones y procesos judiciales revelen información capaz de modificar el escenario. Pero las elecciones tienen plazos; la justicia, otros calendarios. Gobernar una estrategia política confiando en una futura revelación judicial puede terminar siendo una apuesta contra el reloj. The Telegraph

Infantino no permanece únicamente por su fortaleza, sino también por la debilidad estratégica de quienes pretenden reemplazarlo. La oposición necesita un candidato solvente, una propuesta de reforma y votos verificables, no solamente indignación.

Reflexión final
En la FIFA, el poder no cae porque acumule cuestionamientos: cae cuando pierde su mayoría. Mientras los críticos marchen separados y los aliados voten juntos, Infantino seguirá descubriendo que el silencio de 211 electores puede resultar más poderoso que el ruido del mundo. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).

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