La firma del Pacto Ético Electoral para la Alcaldía de Lima terminó exhibiendo una paradoja difícil de defender: mientras los candidatos hablan de respeto a las reglas democráticas, más de 60 alcaldes en funciones buscan permanecer políticamente en sus municipios postulando como primeros regidores, pese a que la Constitución prohíbe la reelección inmediata.
La discusión ya no puede reducirse a una sutileza jurídica. Si una norma dice “no reelección”, pero permite construir una ruta para regresar al mismo poder por sucesión, entonces el problema no está resuelto: está maquillado.
Durante la ceremonia organizada por el JNE, 19 de los 26 candidatos convocados participaron personalmente o mediante representantes. Varios rechazaron públicamente la llamada “reelección encubierta”. Carlos Bruce exigió respeto a la Constitución; Susel Paredes cuestionó la complacencia institucional; Francis Allison habló directamente de una “sacada de vuelta a la Constitución”.
La frase es dura, pero describe bien el malestar.
El presidente del JNE, Roberto Burneo, explicó que el Congreso nunca prohibió expresamente que un alcalde pueda postular como primer regidor. Es decir, el sistema cerró la puerta y dejó la ventana abierta. Luego, cuando alguien entra por esa ventana, todos se sorprenden.
No se puede exigir al JNE que invente impedimentos durante el proceso. Pero tampoco se puede absolver políticamente al Congreso, que durante años ha aprobado reformas electorales incompletas, parchadas y llenas de vacíos que después terminan explotando en plena campaña.
Más grave aún: algunos alcaldes podrían perder formalmente la posibilidad de reelegirse, pero conservar una vía para volver mediante renuncia o vacancia del titular. La Constitución prohíbe la continuidad; la ingeniería política busca cómo reproducirla.
Eso no fortalece la democracia. La desgasta.
La solución exige una reforma clara: o se permite una reelección inmediata bajo reglas expresas, o se prohíbe también integrar la misma lista en posiciones que permitan retornar al cargo por sucesión.
Lo que no puede continuar es esta política de doble lenguaje: prohibir con solemnidad y permitir con astucia.
Reflexión final
La ética electoral no consiste solo en firmar pactos y posar para la foto. Consiste en respetar el sentido de las reglas.
Si más de 60 alcaldes encontraron el mismo resquicio, ya no estamos ante una casualidad ni una excepción creativa. Estamos ante un sistema que convirtió el vacío legal en estrategia política y la Constitución en obstáculo negociable. (Foto ilustración: lacajanegra.blog).
